El valor de la FRATERNIDAD es el primer valor del lasalianismo.

Hablar hoy de FRATERNIDAD es difícil. Primero porque el término se suele asociar a otros con los que tiene rasgos comunes como el de solidaridad, amor, comunión, comunidad… Segundo, porque sabemos que en el mundo-época moderna, que nos ha tocado vivir, uno de los valores más ponderados es el del individualismo y la superación personal por encima del entorno social que nos rodea.

Sin embargo, en esta cultura del hacerse uno a sí mismo, vivimos inmersos en un proceso de globalización que nos lleva a vivir una realidad internacional conjunta.

Ahora es más fácil sentirnos unidos a personas y países que casi no conocemos pero a los que estamos ligados en cuestiones tan importantes como la economía, la cultura o nuestro tipo de vida social.

La progresiva interdependencia a la que este fenómeno está contribuyendo pone al descubierto grandes desigualdades entre los países, y ha generado una sensibilización social. Por todas partes existen grupos que se movilizan y organizan para promover actitudes y organizaciones solidarias (Carta Derechos Humanos, ONU, ONGs, etc.)

Así el hombre que está concienciado y es solidario, cree firmemente en que la relación entre seres humanos debe estar fundamentada en la igualdad y en la justicia y se siente parte integrante de esa humanidad aceptando ser responsable con el otro de sus cargas.

Sin embargo la FRATERNIDAD no se basa solo en dar y promover lo justo, no es un simple dictado ético y aunque se tiene que dar en el mundo tiene su origen en un componente básico teologal (FE, ESPERANZA Y CARIDAD-AMOR).

El hombre es hijo de Dios y esta filiación le une a sus semejantes, de cualquier pueblo, raza, cultura… en una misma dignidad e igualdad radical. Los creyentes aceptamos este dato básico, Dios es el Padre de todos y por tanto todos somos hermanos lo que conlleva un auténtico compromiso de amor fraterno.

La palabra FRATERNIDAD ya lleva en su génesis todo su sentido. Deriva de “frater” que en latín significa hermano y de eso sí que sabemos algo todos. Las relaciones de hermanos tienen algo de especial, algo que se percibe distinto de todas las demás relaciones. Con un hermano estamos unidos de forma indisoluble, podemos parecernos físicamente o no, tener caracteres antagónicos, o pertenecer a distintas ideologías; la realidad es que nos sentimos vinculados a una misma familia, la que nos dio el ser y nuestros genes están marcados por nuestra historia de manera indisoluble.

El AMOR FRATERNO, por lo tanto, no se puede reducir a ayudas más o menos ocasionales ni basarse en afectos que podemos elegir por afinidad, simpatía o coincidencias. El origen de la fraternidad está en el amor de Dios, Padre de todos los hombres, un amor inmenso que tiene que ser modelo y medida para todos nosotros, y que nos capacita a amar sin límites.

Jesús señala al cristiano el amor como única mediación para encontrarse con Dios, por tanto el don de la fraternidad es la única medida de nuestra fe y la manifestación más clara de nuestra intimidad con Dios.

La VERDADERA FRATERNIDAD traerá como resultado una vinculación real y comprometida de justicia e igualdad y caridad-amor-entrega con los hermanos, a los que me unen muchas cosas pero de los que muchas otras me separan y donde los conflictos no pueden romper ese vínculo divino.

Si los cristianos nos sentimos vinculados a toda la humanidad en CARIDAD (AMOR) FRATERNA vivir nuestro cristianismo, desde el carisma lasaliano, es una nueva “lazada” que hace resonar en nuestros oídos el concepto de COMUNIDAD.

Los lasalianos compartimos carisma y misión en un intercambio, donde respetando nuestros diversos estilos de vida, queremos vivir la voluntad de Dios según nuestro don carismático lasaliano.

COMUNIDAD de encuentro, colaboración, intercambio, corresponsabilidad, proyecto y misión común; FRATERNIDAD que quiere crear FRATERNIDAD y COMUNIÓN y que trabaja para contribuir a realizar el proyecto, sueño, de Jesús de construir el REINO DE DIOS.

Hno. José Fco. Plazas Cuevas, F.S.C.

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