Imaginemos un modelo educativo donde se propone enseñar y potenciar en los niños habilidades en el desarrollo de su lenguaje, desarrollo psicomotor, razonamiento lógico, autonomía personal, responsabilidad social, tolerancia, cultura del esfuerzo, interioridad y así, un largo etcétera. Donde se trate a cada una de estas como, objetivos educativos, como si fueran un compartimento estanco, como “asignaturas” donde unas y otras no tuvieran nada que ver entre ellas. Dura tarea para los profesores, pero aún más dura para nuestros alumnos. Y todo esto, en un intento de hacer personas que en un futuro sean competentes en toda la amplitud del ser.

La Salle como institución se planteó el siguiente interrogante: “¿Cómo podemos hacer que, nuestra escuela, esté abierta al mundo, que sea sensible con lo que pasa en la sociedad y trabaje junto a ella?” En este sentido, ¿podemos poner el acento en el aprendizaje y que el protagonista sea el alumno?

Desde septiembre, en nuestras aulas hemos vivido una autentica revolución. NCA ha sido capaz de unir todo y más, de manera organizada e integrada. Nos hemos convertido en detectives y hemos guiado a nuestros alumnos para que buscaran pistas; escribiendo, leyendo, dibujando, razonando, conociéndose a ellos mismos y a los demás. Ahora han entendido que leer sirve para algo más que para “poner contenta a su seño o profe”, han descubierto que leyendo pueden imaginan, descubrir nuevas formas de aprender, tener más información sobre algo, divertirse. Hemos aprendido a comer de manera saludable, y no porque hayamos aprendido de memoria la pirámide de los alimentos, lo hemos aprendido porque hemos preparado riquísimas meriendas y nos las hemos comido. Hemos aprendido a escribir una carta pidiendo ayuda a un personaje importante. Ya no copiamos aburridísimas frases sin sentido para ellos, ahora copiamos porque tiene un fin y es funcional dentro de lo que están aprendiendo. Hemos dejado atrás resolver series de diferentes elementos o clasificar por formas por que la “seño” o el “profe” lo dice, ahora lo aprendemos porque es imprescindible para conseguir algo en una misión o porque es muy muy divertido.

NCA no se deja atrás la manera en la que aprendemos “Religión”, nuestros alumnos aprenden jugando, emocionándose, explorando su fe a través de las narraciones bíblicas, ayudándoles a desarrollar esa experiencia espiritual a través del pensamiento reflexivo. Ahora, en nuestras aulas, nos movemos, exploramos yendo de un lado para otro, el movimiento es importante para el desarrollo motor pero también para aprender muchas otras cosas. En nuestro día a día los alumnos ya no hacen todos lo mismo y al mismo tiempo, aprenden a ser autónomos trabajando en pequeños grupos. Nuestros alumnos aprenden a ser independientes también para aprender cosas nuevas. Ahora pasamos menos tiempo escuchando las explicaciones del profesor, ahora el profesor también los ayuda a descubrir y a ser los protagonistas de su propio aprendizaje.

Desde que NCA inició y lo empezamos a implementar en nuestras aulas, los alumnos encuentran oportunidades y estímulos diversos y, sobre todo, crecen como personas, que es nuestro objetivo último. En una sociedad en continuo cambio, los principios pedagógicos pueden ser los mismos, pero el modo de dar respuesta a ellos debe ser diferente.

Hemos sido capaces de dar un giro a cómo podemos seguir educando y enseñando a los alumnos, pero lo más importante, hemos sido capaces, gracias a NCA, de motivar y dar a nuestros alumnos razones para aprender.

Ana Pastor, orientadora de la etapa de Infantil

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