Con motivo del 375º aniversario del nacimiento de San Juan Bautista de La Salle (1651-2026)
Queridos educadores y colaboradores del Colegio La Salle de Córdoba:
Os escribo estas líneas como quien vuelve a casa después de un largo viaje. Al acercarse el 30 de abril, mi memoria regresa inevitablemente a aquel año de 1651, en la casa de mis padres en Reims. Nacer en una familia de linaje y posibilidades parecía trazar para mí un camino de seguridad y confort. Sin embargo, hoy, mirando vuestro compromiso en Córdoba, entiendo que aquel nacimiento no fue solo el inicio de una vida, sino el germen de una historia compartida que hoy late en vuestras aulas.
El despertar de una mirada
A menudo me preguntan en qué momento decidí fundar las Escuelas Cristianas. La verdad es que no fue un plan trazado por mí. Dios, que conduce todas las cosas con sabiduría y suavidad, me fue llevando de compromiso en compromiso. Lo que empezó con un encuentro fortuito con el señor Nyel se convirtió en una pasión que consumió mi vida: la educación de los hijos de los artesanos y de los pobres.
Recordad que, en aquellos primeros años, lo más difícil no fue la falta de recursos, sino la construcción de una comunidad. Al igual que vosotros hoy en Córdoba, tuve que aprender que no se educa en solitario. La «escuela» no nació de un edificio, sino de la decisión de vivir y trabajar juntos y por asociación. Aquellos primeros maestros, con sus dudas y sus fatigas, me enseñaron que la escuela es, ante todo, un acto de fraternidad.
El valor de vuestra entrega diaria
Cuando recorro con el pensamiento los pasillos de vuestro colegio en Córdoba, veo reflejado aquel espíritu original. Sé que los tiempos han cambiado, que los desafíos de hoy —la tecnología, las nuevas realidades sociales, las incertidumbres de los jóvenes— parecen abrumadores. Pero os aseguro algo: la esencia sigue siendo la misma.
Cada vez que recibís a un alumno con una sonrisa, cada vez que os preocupáis por el que se queda atrás, cada vez que buscáis nuevas formas de que la Verdad llegue al corazón de los niños, estáis naciendo de nuevo conmigo. Mi nacimiento en 1651 fue solo el preludio; el verdadero nacimiento de La Salle ocurre cada mañana cuando abrís las puertas del colegio.
Una invitación para este 30 de abril
Al celebrar mi cumpleaños, no quiero que miréis hacia atrás con nostalgia. Quiero que miréis hacia adelante con esperanza.
Os pido que:
- Miréis con ternura: Como ángeles custodios de vuestros alumnos, ved en ellos no solo a estudiantes, sino a hijos de Dios con un potencial infinito.
- Cultivéis la comunidad: Cuidad vuestra relación entre compañeros. Un claustro unido es la mejor lección de vida que podéis dar.
- Mantengáis la pasión: No dejéis que la rutina apague el fuego que os llevó a elegir esta noble profesión.
Desde aquel rincón de la Francia del siglo XVII hasta el sol de Córdoba, la misión continúa. Gracias por ser mis manos, mis ojos y mi corazón en este rincón del mundo.
Sigo unido a vosotros en la oración y en el amor a nuestra misión.
Vuestro afectísimo,
Juan Bautista de La Salle Vuestro hermano y compañero
«No basta que vuestra caridad sea común, debe ser una caridad que os haga mirar a todos vuestros alumnos como a hermanos.» (SJBLS)